Prólogo: ¿Cuál de los lugares enumerados a continuación le recuerda más a un museo?
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Obreros manuales
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Empleados y obreros cualificados |
Profesionales y ejecutivos |
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%
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%
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%
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| Iglesia |
66 |
45 |
30,5 |
| Biblioteca |
9 |
34 |
28 |
| Sala de conferencias |
– |
4 |
4,5 |
| Grandes almacenes / vestíbulo de edificio público |
– |
7 |
2 |
| Iglesia y biblioteca |
9 |
2 |
4,5 |
| Iglesia y sala de conferencias |
4 |
2 |
– |
| Biblioteca y sala de conferencias |
– |
– |
2 |
| Ninguno de estos |
4 |
2 |
19,5 |
| Sin respuesta |
8 |
4 |
9 |
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100 (n=53)
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100 (n=98) |
100 (n=99) |
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Pierre Bourdieu y Alain Darbel: L’amour de l’art, 1969
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Acto I. Sólo la cultura libre es cultura
Durante su intervención en Kosmopolis, Lawrence Lessig defiende su teoría de las ecologías de la creatividad:
a) Profesional, basada en el control del trabajo creativo, regida por una economía de beneficio.
b) Crítica, asociada al trabajo académico, regida por el uso respetuoso (fair use) de la producción de los iguales: cita, elaboración, referencia.
c) Amateur, asociada a la actividad autónoma de los sujetos, basada en el uso y la reelaboración, regida por una economía de intercambio libre.
La protección legal e intelectual contemporánea se basa exclusivamente en las exigencias de la ecología de la creatividad profesional. Ello equivale a penar el comportamiento cotidiano de los sujetos, a coartar el derecho a la libre creatividad y al intercambio. El copyright nos esconde, nos silencia, nos aísla, nos criminaliza. Pero Lessig no propone abolir el derecho a una ecología profesional de la creatividad. Propone un marco lo suficientemente reflexivo y abierto capaz de respetar la autonomía creativa de los individuos y el derecho a la reapropiación legítima, es decir compatible con la ecología amateur.
Entreacto: metamorfosis
¿Se podría pensar que la Historia del Arte y la Estética canónica son a la producción creativa de imágenes lo que el copyright es a la creatividad libre defendida por Lessig? Es decir, ¿están los principios estéticos institucionales (el autor genial, la experiencia estética, la autonomía del arte) actuando como un sesgo jerárquico y depredador en detrimento de otros modelos posibles y socialmente más accesibles? ¿Si son posibles modelos de intercambio de cultura compatibles con la libertad de todos, será también posible proponer una reforma de los paradigmas del estudio de la imagen que dé cabida y dignidad a otros modos de hacer, usar y pensar la visualidad en términos de democracia radical?
Acto II. Diálogo en una clase
El profesor A., catedrático de Estética, ha argumentado que el Gran Arte se diferencia de la propaganda en tanto que exige del espectador una pausa, una experiencia estética que singulariza al sujeto, exalta su individualidad y se opone a la simplificación conceptual propia de los discursos de masas.
ALUMNO: – No entiendo cómo podemos diferenciar objetivamente la importancia del Gran Arte de otras producciones culturales masivas. Por ejemplo (y diciendo por adelantado que no estoy de acuerdo con el servicio de la imagen al capitalismo), ¿por qué cuando un pintor cubista consigue representar un objeto desde múltiples puntos de vista simultáneos en una sola imagen lo consideramos un paso de gigante en la cultura humana y sin embargo denostamos un spot publicitario que en treinta segundos es capaz de narrar una historia haciendo uso de decenas de recursos literarios?
PROFESOR A.: – No estoy de acuerdo. La publicidad simplifica sistemáticamente el discurso, está vacía de contenido profundo. La publicidad nos convierte en idólatras de imágenes vacías, nos anula y simplifica.
ALUMNO: – Parece que Walter Benjamin opina lo contrario: él considera que la noción tradicional de Gran Arte es la que nos humilla como espectadores fascinados ante un “objeto religioso”, de culto.
PROFESOR A: – Estás incurriendo en una confusión semántica que no puedo aceptar: arte y publicidad no son lo mismo. Yo estoy hablando de metafísica.
Acto III. Una pregunta sin respuesta
El catedrático V. y el doctor T. han dialogado a su manera sobre las relaciones entre valores estéticos, cultura, arte y mercado. V. ha defendido que el valor del Arte es puramente metafísico, por oposición a los modos de pensamiento fenomenológico centrados en lo visible. T. ha argumentado que el Arte es un creador proteico de nuevos mundos, un lenguaje desconocido que contiene conocimiento y trascendencia y ante el cual el espectador es libre de tomar su propia posición vía experiencia estética. En el turno de preguntas, un asistente cita el prólogo de este pasquín (nótese que a pesar de su evidente carácter panfletario, este pasquín no renuncia a las excelencias de la deixis).
La pregunta: si es evidente que hay una clara separación entre aquellos que asisten al museo y se sienten en una biblioteca (es decir, utilizando los objetos culturales que contiene el museo) y aquellos que se se sienten en una iglesia (es decir, separados por la distancia revrencial del objeto de culto) y que dicha separación parece corresponderse con criterios socioeconómicos, ¿hasta qué punto se puede sostener el valor trascendental -por tanto universal- de la experiencia estética o la capacidad de todos los sujetos de construir una experiencia individual ante el Gran Arte?
El Doctor T. mantiene silencio. El catedrático A. alude a la importancia de la educación filosófica para resolver la cuestión.
Acto IV. Flashback
Toulouse 2009. Tras la lectura de un comentario y un breve artículo sobre Boccioni, el profesor P. se dirige a su alumno:
Mais t’as écrit que Boccioni était un fasciste! Ça… ça… ça c’est du térrorisme intellectuel!
Epílogo: sinestesia
Eco!