De animales y ciudadanos: los Centros de Internamiento de Extranjeros y el fascismo social

enero 21, 2012 en política

Dice Boaventura de Sousa Santos que en un momento histórico como el presente –en que la apoteosis triunfal del capitalismo se construye sobre un mantra que niega la posibilidad misma de imaginar alternativas al orden dado de las cosas– necesitamos armarnos de imágenes desestabilizadoras. Con ello se refiere a la puesta en circulación de ideas, imaginarios y percepciones “que pueden restituir la capacidad de espanto y de indignación”. No es casual que su punto de referencia sea el concepto de ‘peligro’ del que se valió Walter Benjamin, esa especie de alarma de incendios que debía ponernos alerta ante lo intolerable.

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Acta Muriensa

abril 9, 2011 en literatura

El otro día me contaron un chascarrillo que aprecié muchísimo. Al parecer, el edificio del Raval de la Universitat de Barcelona está rematadamente mal diseñado. Por alguna razón, las tomas de tierra del circuito eléctrico no funcionan correctamente y algunas zonas de las instalaciones se recargan. El resultado es una especie de atmósfera electrificada. Sin pretender faltarle al respeto a los trabajadores que, me decían, han tenido que pedir la baja dado que iban por el mundo echando chispas (sic), la imagen de la institución universitaria atrapada en un circuito cerrado y envenenándose a sí misma me ha parecido extremadamente sugerente e ilustradora.

Y es que, como con todo submundo electrificado, con la universidad no queda otra que tomarla un poco a risa, gaudeamus igitur. Algo así debieron pensar en 1918 Walter Benjamin y Gershom Scholem cuando fundaron en sus cabezas la Universidad de Muri. Su objetivo era, básicamente, descojonarse de la pomposidad autocomplaciente de la universidad alemana. Lo cierto es que se lo pasaron realmente bien. En su Acta Muriensa, inmortalizaron mano a mano los estatutos y el programa de estudios de su venerable institución imaginaria. Leyendo sus geniales textos, uno de los ejercicios posibles es tratar de adivinar cuál de todos los ínclitos docentes de Muri podría haber formado parte del jurado de la universidad de Frankfurt que, en 1925, tuvo la brillante idea de suspender la tesis doctoral de Benjamin sobre el Trauerspiel cerrándole las puertas de la docencia. El otro ejercicio posible es comparar esta oferta docente con ciertos programas universitarios reales que tengo ahora mismo en mente. Lo digo tan en serio que, por cruel, lo dejaremos para otra ocasión.

PROGRAMA DE ESTUDIOS DE LA UNIVERSIDAD DE MURI

Teología

Prof. Robert Eisler: Historia del paganismo occidental; de Papageno hasta Paganini.

Íd.: El abrigo de señora y la caseta de baño.

Prof. Max Scheler: Vida y obra de San Juan María Farina.

Seminario de Historia de los Dogmas:

Prof. A. von Harnack: Huevos de Pascua; ventajas y peligros.

Prof. Max Scheler: Ejercicios sobre el cónclave.

Filosofía

Prof. I. Kant: Ejercicio sobre Erdmann. De Leibiniz a Bahlsen.

Seminario de Psicología Experimental:

Prof. Stumpf: Medición del alma.

Prof. Scheler: Misas de difuntos.

Prof. Willamowitz-Moellendorff: Vida y actividades de los proveedores de corte.

Prof. Levison: Arminio el Querusco (cuatro horas).

Prof. Delitzsch: El cable y el sable.

Seminario de Historia:

Prof. Dietrich Schäefer (juntamente con el prof. Roethe, de 6 a 8 de la mañana): Ejercicios sobre la Puerta de Brandemburgo.

Íd.: La cuestión alemana: ¿martillo o yunque?

Íd.: Ejercicios sobre la Orden del Águila Negra (para estudiantes avanzados).

Seminario de Historia de la Literatura:

Prof. Roethe: Ejercicios sobre las Excursiones por la Marca de un carca, de Fontane.

Seminario de Astronomía:

El cielo de Prusia; con la observación del Lunapark.

Seminario de Física:

Camilla Schulze: Teoría de la caída libre, ejercicios prácticos incluidos.

Prof. Sigmund Freud: ¿De dónde vienen los niños?

Íd.: Explicación de chistes escogidos.

Jurisprudencia

Seminario de Derecho:

Introducción a la teoría de la táctica dilatoria.

Teoría y práctica de la ofensa.

Medicina

Seminario de Medicina:

Ejercicios de liquidación.

Toulouse, le 5 avril 2009

febrero 16, 2011 en passagen


¿Qué hemos “resuelto”? ¿No se detinenen todas las preguntas de la vida vivida como un bosquecillo que nos impide ver?

Formas de recordar

febrero 14, 2011 en arte, fotografía, historia, imagen

Al fotógrafo Gervasio Sánchez le seguía la pista desde aquel discurso de 2008 que era como una bofetada en la cara de los políticos de turno a propósito de su proyecto Vidas Minadas. Su última exposición, Desaparecidos,  no defrauda. Son imágenes al límite de lo visible, donde todo lo que está -un pasaporte, una camiseta acribillada a cuchilladas, la mirada de una madre- remite al que no está, al ausente.

Mirar la representación de lo irrepresentable es un ejercicio extremo. Salía de la exposición con un amigo y me sorprendía a mí mismo con una pregunta estúpida: “¿Te ha gustado?”. Luego vinieron más preguntas. ¿Puede gustar? ¿Debe gustar? ¿Dónde está el límite de la representación del dolor, del voyeur morboso? (Adelanto la respuesta: el límite está en el medio de representación).

Todo el asunto me recordaba a la genial reflexión que Nacho publicaba hace poco sobre la banalización del monumento dedicado a las victimas judías del Holocausto en Berlín. Es difícil añadir nada a sus observaciones. En todo caso que era previsible que el monumento de Berlín acabara siendo lo que es -un lugar pintoresco. Sospecho que sus promotores políticos tenían en mente al turista y su cámara digital antes que a ese mitológico ciudadano reflexivo confrontado a su conciencia histórica. Quizá algo de todo esto había en la decisión de Richard Serra de abandonar el proyecto tras sus roces constantes con Helmut Kohl. Pero hay más.

El otro día leía un texto de Slavoj Žižek que abordaba este asunto. Más allá de la paja psicoanalítica y sus típicas provocaciones de chico malo de la clase, el siniestro esloveno tocaba puntos interesantes. Citando la obra de Jorge Semprún o Alain Resnais como ejemplo, Žižek contradice el tópico del Holocausto como lo irrepresentable y opina que “el Holocausto SÓLO se puede representar mediante el arte”. Recordaba a Primo Levi para sugerir que la peor pesadilla de las víctimas es no encontrar un receptor que comprenda su horrible experiencia. Y tal vez la única forma de compartir un desgarro extremo pase por ciertos recursos poéticos. Algo así perseguía Semprún con su trabajo narrativo en el El largo viaje: evocar la total alienación de la noción de tiempo, la desorientación más cruel entre pasado, presente y la improbable existencia de un futuro. Algo similar ocurre con las imágenes de Sánchez: las fotografías que más me golpearon no fueron las frontalmente documentales -las terroríficas fosas abiertas sembradas de esqueletos. Fueron las de los objetos personales de los desaparecidos: sobre mesas, inmóviles, impregnados al mismo tiempo de presencias y ausencias.

Žižek pasa de puntillas por la cuestión de los medios. Como recordó Benjamin, el régimen de propiedad de una obra de arte determina la recepción de la misma. Difícilmente se podrá frivolizar con un texto de Semprún, las imágenes de Resnais, una fotografía de Sánchez o cualquier otra forma infinitamente reproductible de expresión artística donde el espectador se enfrenta a la experiencia y la recibe de tú a tú. Sin embargo, la obra singular y única, cualquier monumento como el de Berlín, juega peligrosamente en el terreno de la estetización, el de la mutación en fetiche -todo acaba con una fotografía en contrapicado en la sección a color de tu guía Lonely Planet.

Esto puede parecer una reflexión gratuita, pero se puede resolver con un simple ejercicio. El memorial de Berlín puede vaciarse de “sentido” reteniendo de él sus propiedades formales y pintorescas de lugar único. De ese modo puede verse como un lugar apropiado para tus fotos de fin de curso o como escenario para un book de moda (le tomo prestadas las fotos a Nacho).

¿Se puede imaginar un empleo parecido de un texto de Semprún? -como podría ser su utilización para un guión publicitario o, por qué no, como lectura en voz alta para echarte unas risas con tus colegas.

El más pequeño comenzaba ya a perder terreno, los SS aullaban detrás de ellos, y los perros comenzaron a aullar, pues el olor de la sangre les volvía locos, y entonces el mayor de los dos niños aminoró la marcha para coger de la mano al más pequeño, que ya iba tropezando, y recorrieron junto unos cuantos metros más, la mano derecha del mayor apretando la mano izquierda del pequeño, recorrieron juntos unos cuantos metros más hasta que los porrazos los derribaron juntos, con la cara sobre la tierra y las manos unidas ya para siempre.

La relación que se puede establecer con un monumento o una obra singular bascula entre el shock de la espectacularidad y el cachondeo turístico del “yo estuve allí”. Esto atrae turistas. Pero no genera conciencia crítica.

Hay artistas contemporáneos que lo han comprendido del todo. Como Rogelio López Cuenca que junto con otros artistas malagueños consiguieron reconducir un proyecto municipal de monolito en una rotonda por el archivo virtual malaga1937 en recuerdo de las víctimas de los bombardeos fascistas en la ciudad. O el impresionante trabajo de Francesc Abad en el Camp de la Bota, escenario de fusilamientos masivos franquistas. Ante la inminente edificación de esa vomitiva estepa de hormigón que es el Fòrum de Barcelona sobre el lugar, el artista de Terrassa rastreó cuidadosamente la memoria de la zona. El resultado es un archivo virtual estremecedor de apariciones fugaces. Como fugaces aparecen los que no están en las fotografías de Sánchez. ¿Podría el espectador de estas obras posar sonriente ante ellas?

Invisible invisibilización

febrero 1, 2011 en estudios visuales

Sabemos desde hace tiempo que el Diccionario de la Real Academia Española no es fiable.

potorro.

1. m. coloq. Ál. salero (‖ recipiente en que se sirve la sal).

El problema, claro, deja de ser gracioso cuando los académicos, en lugar de simplemente hacer gala de su probada naturaleza fósil (al respecto, ilustradora definición de contrabajo), empiezan a hacer política. Y no me refiero a los esputos zafios que profiere Pérez-Reverte en sus ratos libres para el regocijo del macho alfa patrio. Me refiero a cosas como ésta:

gozar.

1. tr. Tener y poseer algo útil y agradable. Gozar de sus riquezas.

2. tr. Tener gusto, complacencia y alegría de algo. U. t. c. prnl.

3. tr. Conocer carnalmente a una mujer.

Lo cierto es que nunca me he sentido cómodo con la limpieza, la fijeza y el esplendor que sugiere esta institución del Pleistoceno y es redundante insistir en su machismo y homofobia recalcitrantes, y tampoco tenía intención de dedicarles más tiempo del necesario. Pero resulta que redactando mi proyecto de investigación de máster me he quedado sin palabras. Al menos oficialmente. Me explico.

Mi (nebuloso) trabajo se interesa por el control de los medios de producción y distribución de la imagen. Todo discurso audiovisual muestra unas cosas sí y otras no. Claro está, ninguna elección es políticamente neutral. E igual que existe un canon de conocimiento que decide qué es verdad y qué es mentira, qué es importante y qué es secundario, existe una epistemología de la visualidad cuyo discurso define lo visible y lo invisible, o al menos crea toda una serie de jerarquías de presencias y ausencias marcadas políticamente. Todo esto viene de un auténtico delirio (in progress) que me está llevando de las epistemologías del sur de Boaventura de Sousa Santos a Walter Benjamin filtrado por Didi-Huberman, y luego de refilón a Chris Marker y finalmente a la colla de los estudios visuales creando un carnaval fantástico en mi cabeza que desembocará, por el momento, en un humilde análisis del proyecto Megafone.net de Antoni Abad.

Pero vaya, mientras intentaba exponer mi idea por escrito para satisfacer el hambre de paperassa de la maquinaria burocrática me encontré con el problema. Inocente yo, partía del verbo

visibilizar.

1. tr. Hacer visible artificialmente lo que no puede verse a simple vista, como con los rayos X los cuerpos ocultos, o con el microscopio los microbios.

para explicar cómo los medios de comunicación construyen artificialmente un relato visual a partir de cosas que existen pero que, sin un mediador técnico, no podríamos ver (conocer). Por analogía pensaba que podía hablar de invisibilizar, esto es, de los medios que crean el silencio de las imágenes, de cómo millones de experiencias sociales se escapan de nuestros ojos como se escapan los cuerpos microscópicos sin una lente de aumento (o como las voces que hablan bajito, que no se oyen sin un megáfono). Pues no. En castellano no se puede invisibilizar.

Aviso para navegantes, supongo. Uno de los términos fundamentales de mi proyecto no es académico, no existe. Por suerte, su no-existencia cierra el círculo: al pensamiento institucional se le escapan muchas cosas. Y claro que voy a usar esa palabra.

No es el sentido de las palabras lo que importa;

lo que importa es saber quién manda.

Humpty Dumpy

¤

He hablado de pasada de Boaventura de Sousa Santos mordiéndome la lengua tras haberlo podido escuchar dos veces la semana pasada. En realidad lo de la semana pasada no tiene nombre: fue tan intensa que tiene que reposar como un buen vino para poder escribir dos líneas con un mínimo de sentido.

Wikileaks-Arquímedes

noviembre 28, 2010 en comunicación, política

Mientras en las calles de Barcelona se deciden los resultados de la lamentable campaña electoral por la Generalitat, Wikileaks vuelve a demostrar por dónde se definen los cauces y las posibilidades políticas del presente: la acción civil, la apropiación del potencial comunicativo de Internet y el refuerzo de los nodos de la red distribuída antihegemónica.

No voy a insistir en lo que ya se sabe de sobra respecto a la última filtración de 250.000 cables diplomáticos estadounidenses, la que ya se ha definido como mayor desclasificación ilegal de documentos de la Historia. Además, en este momento estoy saturado por la información que se me acumula en pestañas y pestañas del navegador. Pero algo tengo claro: la técnica de distribución elegida por Wikileaks en esta ocasión, de nuevo, no es un hecho indiferente.

Los cables se han distribuído entre cinco grandes publicaciones: El País, The Guardian, The New York Times, Le Monde y Der Spiegel. La jugada, según la veo, es maestra. A sabiendas de que la propia web de Wikileaks sería atacada ipso facto, los paquetes de información se han distribuído entre los periódicos de mayor audiencia del planeta (además, publicaciones tradicionalmente asociadas al espectro “socialdemócrata” que, precisamente, de social y demócrata sólo queda en ellos un espectro). Hay un segundo paso: estas publicaciones se han visto obligadas a admitir que no se atreven a publicar todo lo que han recibido o que incluso están negociando con los poderes implicados una cierta “censura razonable”. Cada uno lo dice con sus propias palabras: el New York Times reconoce directamente haber consultado con “altos oficiales” qué publicar y qué no, reservándose el derecho último de hacer caso de estos consejos. El director de El País, mediante un vídeo, asegura que su diario sólo publicará aquello que garantice “la seguridad de las fuentes”. Le Monde se distancia de Wikileaks criticando su sistema de publicación indiscriminada y asegura que mediante su “análisis periodístico” de las informaciones recibidas, demostrará que “discernimiento y transparencia no son incompatibles”.

Parece bastante sensato concluir que Wikileaks no sólo está mostrando las mentiras impunes de los poderes fácticos sino que, también, está revelando el carácter completamente mediado de los grandes grupos de comunicación -de aquellos que de la noche al día pasaron de ser “el diario independiente de la mañana” al “periódico global de noticias en español”. No puede ser más esclarecedor ver los equilibrismos precarios con que estas publicaciones, mientras se queman sus manos con la patata incandescente que han recibido, tratan de conciliar un extraño Juste Milieu entre su labor informativa y un discurso políticamente correcto.

Lo mejor del asunto es que tras enviar en primera línea a los grandes medios (algo así como ver al rey bailando canciones satíricas), Wikileaks terminará por revelar los documentos en su integridad. Y todos habremos bajado la vista de golpe y habremos visto todo: el latón y las tripas.

Por otra parte, hay otro detalle que llama mucho la atención. De todos es sabido que esta clase de documentos se terminan desclasificando “legalmente” transcurridos los años, a través de un calculado gota a gota. Así, por ejemplo, hace unos días Estados Unidos revelaba voluntariamente la confirmación documental de lo que todos sabíamos: la intervención de Estados Unidos en el golpe de estado de Pinochet. Esto se podría entender como una calculada gestión del pasado y el presente: la infamia se revela sólo cuando ya es considerada una cuestión de memoria estéril. Así, vivimos en un presente en el que sólo nos queda desenterrar a nuestros muertos ya reducidos a escombros o mirar a la cámara y arrancar en un último aliento que nos han mentido.

Hay una primera observación, y es que Walter Benjamin ya nos enseñó que no está tan claro lo préterito del pasado ni la caducidad de la memoria. Pero hay más: Wikileaks no acepta los tiempos de revelación impuestos por la gestión institucional del poder. Si Boaventura de Sousa Santos está en lo cierto, hay un reto político contemporáneo de primer orden: expandir el presente para crear un espacio-tiempo lo suficientemente amplio que nos permita comprender nuestras posibilidades de cambio actuales. Wikileaks, Arquímedes colectivo, ha sacado la palanca y nos está despejando el escenario.

Imaginons des pas de danse sur cette nouvelle scène du réel. (Antonio Negri)

Los dibujos del prisionero

noviembre 4, 2010 en cine, historia

Recuerdo perfectamente no haberme perdido ni una sola de las excepcionales clases de cine de Áurea Ortiz los viernes por las mañanas del año pasado (a pesar de que también recuerdo no haberme perdido demasiados jueves por la noche en el Glop de Benimaclet). Café en mano y los fotogramas pasando, uno tenía la sensación de escapar del adocenamiento infumable de otras clases en las que la actividad crítica más avanzada consistía en describir pedantemente aquello que todos estábamos viendo proyectado en una diapositiva, una especie de pesadilla delirante y wölffliniana pero sin caché suizo y con mucha caspa.

En una de esas clases en penumbra, Áurea proyectó La jetée de Chris Marker y a mí se me proyectaron las ideas por todas partes. Se me proyectaron tan alto que las perdí de vista y pasé por alto seguir indagando en este autor. Hasta ayer mismo, cuando encontré una nota en el margen de un cuaderno, me descargué Sans soleil y me quedé completamente desbordado por lo que veía, oía y entendía.

Andrei Tarkovsky estaba convencido de que el cine podía esculpir el tiempo. En Sans Soleil, uno de los personajes, Hayao, manipula una especie de distorsionador electrónico de imágenes que bautizará como Zone en homenaje al director soviético. Ante la grabación de unos disturbios de los años 60 completamente distorsionados por el filtro de Zone, el misterioso narrador epistolar en tercera persona de la película reconoce una mayor realidad en esas manchas de colores que en el discurso nítido que ofreció la televisión de la época. Me suena.

Pero la cosa va muchísimo más allá, fluye por todas partes. Zone también distorsiona unas imágenes de los burakumin, una desconcertante clase de parias de Japón que arrastran como un estigma la impureza de los empleos de sus antepasados, una impureza que se reconoció tanto en las artes como en los trabajos vinculados con la muerte (Έρως & Θάνατος !?). Y, de nuevo, la voz mediada del narrador:

Son no-personas ¿cómo pueden ser mostradas si no es como no-imágenes?

Walter Benjamin entendió el recuerdo en términos políticos como un medio para dar voz a los que no tienen voz. Como decía Reyes Mate, el valor del concepto de memoria de Benjamin en oposición a la historia oficial se basa en que él rastrea los no-hechos de los vencidos, de aquellos que no pudieron depositar una sola gota de tinta en las páginas de la historia. Desbordo: ¿y si en vez de una Historia del Arte basada en los hechos hiciéramos una Historia del Arte de los no-hechos? (como los saltos en el espacio y en el tiempo de Marker, me transporto a València, caminando junto a Julio, las manos en los bolsillos y la pregunta: ¿por qué no escriben los que no escriben? y me acuerdo de haberle oído hablar de Sousa Santos y la sociología de las ausencias y desbordo, insisto, desbordo).

No hay vuelta atrás. De nuevo esa voz femenina que a veces lee cartas, a veces en tercera, otras en primera persona, pausadamente, jugando al sokatira con las imágenes que pasan:

Aunque la calle estaba vacía, me paraba en los semáforos en rojo para dejar espacio a los espíritus de los coches rotos. Incluso si no esperaba ninguna carta, me paré delante de la oficina de correos, para honrar los espíritus de las cartas desgarradas, y ante la ventanilla del correo aéreo, para saludar al espíritu de las cartas no enviadas. Medí la insoportable vanidad de Occidente, que nunca ha parado de privilegiar al ser sobre el no-ser, lo dicho sobre lo no-dicho (…) Finalmente descendí a la cueva donde mi amigo el maniaco [Hayao] se activa ante sus graffiti electrónicos. Al final, su lenguaje me llega porque se dirige a esa parte nosotros empeñada en dibujar en las paredes de las prisiones. Una tiza para seguir los contornos de lo que no es, o no será, o no es aún (…) En ese momento la poesía será hecha por todos.

Quiero estudiar esos dibujos borrados en las paredes de las celdas, ver lo que ven los ojos que no ven, escuchar las voces susurradas bajo el chorro de ruido y luces de los televisores. Y tengo la inmensa suerte de haber encontrado la pista para hacerlo, como ya me di cuenta tras coger a Hannah Arendt por banda. A veces me pregunto si Antoni y Eugenio son conscientes de la magnitud de lo que están haciendo con su proyecto megafone.net. Sí que lo son, y avanzan poco a poco y a pie, como Benjamin imaginó la revolución. Es simplemente enorme.

*

La Académie de Nancy-Metz ha publicado una web monográfica sobre Sans Soleil donde se puede consultar una transcripción íntegra del guión y un completo estudio de toda la película.

Terror cultural, pasquín en tres actos

octubre 29, 2010 en arte, filosofía, política

Prólogo: ¿Cuál de los lugares enumerados a continuación le recuerda más a un museo?

Obreros manuales

Empleados y obreros cualificados Profesionales y ejecutivos

%

%

%

Iglesia 66 45 30,5
Biblioteca 9 34 28
Sala de conferencias 4 4,5
Grandes almacenes / vestíbulo  de edificio público 7 2
Iglesia y biblioteca 9 2 4,5
Iglesia y sala de conferencias 4 2
Biblioteca y sala de conferencias 2
Ninguno de estos 4 2 19,5
Sin respuesta 8 4 9

100 (n=53)

100 (n=98) 100 (n=99)

Pierre Bourdieu y Alain Darbel: L’amour de l’art, 1969

Acto I. Sólo la cultura libre es cultura

Durante su intervención en Kosmopolis, Lawrence Lessig defiende su teoría de las ecologías de la creatividad:

a) Profesional, basada en el control del trabajo creativo, regida por una economía de beneficio.

b) Crítica, asociada al trabajo académico, regida por el uso respetuoso (fair use) de la producción de los iguales: cita, elaboración, referencia.

c) Amateur, asociada a la actividad autónoma de los sujetos, basada en el uso y la reelaboración, regida por una economía de intercambio libre.

La protección legal e intelectual contemporánea se basa exclusivamente en las exigencias de la ecología de la creatividad profesional. Ello equivale a penar el comportamiento cotidiano de los sujetos, a coartar el derecho a la libre creatividad y al intercambio. El copyright nos esconde, nos silencia, nos aísla, nos criminaliza. Pero Lessig no propone abolir el derecho a una ecología profesional de la creatividad. Propone un marco lo suficientemente reflexivo y abierto capaz de respetar la autonomía creativa de los individuos y el derecho a la reapropiación legítima, es decir compatible con la ecología amateur.

Entreacto: metamorfosis

¿Se podría pensar que la Historia del Arte y la Estética canónica son a la producción creativa de imágenes lo que el copyright es a la creatividad libre defendida por Lessig? Es decir, ¿están los principios estéticos institucionales (el autor genial, la experiencia estética, la autonomía del arte) actuando como un sesgo jerárquico y depredador en detrimento de otros modelos posibles y socialmente más accesibles? ¿Si son posibles modelos de intercambio de cultura compatibles con la libertad de todos, será también posible proponer una reforma de los paradigmas del estudio de la imagen que dé cabida y dignidad a otros modos de hacer, usar y pensar la visualidad en términos de democracia radical?

Acto II. Diálogo en una clase

El profesor A., catedrático de Estética, ha argumentado que el Gran Arte se diferencia de la propaganda en tanto que exige del espectador una pausa, una experiencia estética que singulariza al sujeto, exalta su individualidad y se opone a la simplificación conceptual propia de los discursos de masas.

ALUMNO: – No entiendo cómo podemos diferenciar objetivamente la importancia del Gran Arte de otras producciones culturales masivas. Por ejemplo (y diciendo por adelantado que no estoy de acuerdo con el servicio de la imagen al capitalismo), ¿por qué cuando un pintor cubista consigue representar un objeto desde múltiples puntos de vista simultáneos en una sola imagen lo consideramos un paso de gigante en la cultura humana y sin embargo denostamos un spot publicitario que en treinta segundos es capaz de narrar una historia haciendo uso de decenas de recursos literarios?

PROFESOR A.: – No estoy de acuerdo. La publicidad simplifica sistemáticamente el discurso, está vacía de contenido profundo. La publicidad nos convierte en idólatras de imágenes vacías, nos anula y simplifica.

ALUMNO: – Parece que Walter Benjamin opina lo contrario: él considera que la noción tradicional de Gran Arte es la que nos humilla como espectadores fascinados ante un “objeto religioso”, de culto.

PROFESOR A: – Estás incurriendo en una confusión semántica que no puedo aceptar: arte y publicidad no son lo mismo. Yo estoy hablando de metafísica.

Acto III. Una pregunta sin respuesta

El catedrático V. y el doctor T. han dialogado a su manera sobre las relaciones entre valores estéticos, cultura, arte y mercado. V. ha defendido que el valor del Arte es puramente metafísico, por oposición a los modos de pensamiento fenomenológico centrados en lo visible. T. ha argumentado que el Arte es un creador proteico de nuevos mundos, un lenguaje desconocido que contiene conocimiento y trascendencia y ante el cual el espectador es libre de tomar su propia posición vía experiencia estética. En el turno de preguntas, un asistente cita el prólogo de este pasquín (nótese que a pesar de su evidente carácter panfletario, este pasquín no renuncia a las excelencias de la deixis).

La pregunta: si es evidente  que hay una clara separación entre aquellos que asisten al museo y se sienten en una biblioteca (es decir, utilizando los objetos culturales que contiene el museo) y aquellos que se se sienten en una iglesia (es decir, separados por la distancia revrencial del objeto de culto) y que dicha separación parece corresponderse con criterios socioeconómicos, ¿hasta qué punto se puede sostener el valor trascendental -por tanto universal- de la experiencia estética o la capacidad de todos los sujetos de construir una experiencia individual ante el Gran Arte?

El Doctor T. mantiene silencio. El catedrático A. alude a la importancia de la educación filosófica para resolver la cuestión.

Acto IV. Flashback

Toulouse 2009. Tras la lectura de un comentario y un breve artículo sobre Boccioni, el profesor P. se dirige a su alumno:

Mais t’as écrit que Boccioni était un fasciste! Ça… ça… ça c’est du térrorisme intellectuel!

Epílogo: sinestesia

Estamos todos en peligro

octubre 22, 2010 en arte, filosofía, política

Hará un par de semanas me senté al fondo de una sala del Goethe Institut de Barcelona donde a unos señores les dio por hablar de Walter Benjamin.

Pilar Parcerisas se perdió un poco en ese tono anticuario y positivista tan amigo de la Historia del Arte con un listín de referencias cruzadas entre ideas de Benjamin e iconografías de vanguardia… me aburro. En fin, me llamó mucho más la atención (como en general todo lo que se acerca al arte huyendo del discurso de la Historia del Arte) su relato del trabajo detectivesco en busca del rastro de Benjamin en Portbou para el guión de una película. Me quedo con un detalle: el encuentro con Gisèle Freund, autora de las más conocidas fotografías de Benjamin, se redujo a una discusión sobre pagos de derechos de reproducción. La imagen del teórico que concibió la reproducción ilimitada de la imagen como un arma política es aplastada bajo la hostia, en circunferencia perfecta, del copyright. Te adoramos, óyenos, ©.

Manuel Reyes Mate me fascinó con su discurso, aunque sólo tuvo tiempo para esbozar unas pocas líneas (personalmente habría preferido que Gerard Vilar se callara un ratito y le dejara hablar a él, sobre todo cuando en mi opinión se equivocaba de pleno interpretando la articulación de estética y política en Benjamin). A esas pocas líneas de Reyes se unió a una imagen que Francesc Abad, outsider del arte conceptual, dejó caer. Una anécdota mínima pero llena de significados para explicar por qué se ha pasado media vida recopilando fragmentos de y sobre Benjamin:

Me interesé por Benjamin por intuición… la intuición como forma de conocimiento… fue bajo un palosanto, en un casal anglès de Terrassa, oyendo a los obreros del textil relatando la pérdida de la guerra, la derrota, el agotamiento de su modo de vida, el cierre de las fábricas… morfemas, monemas, unidades mínimas de información…

Y en ese punto Reyes Mate dio el golpe al hablar del que es, en su opinión, el punto más débil del pensamiento de Benjamin. Débil pero a la vez intrigante: la distinción entre conocimiento y verdad. El conocimiento, dice Benjamin, lo conseguimos trabajando, amasando, elaborando. Pero la verdad consiste en un asalto fugaz, que nos atrapa desde el pasado (ese pasado que describe Benjamin, cambiante y  lleno de presente y que desafía esa cosa tan extraña, de la que todos parecemos estar convencidos, de que el tiempo se articula en pasado, presente y futuro, por ese orden y en línea –basta con ver la inmensidad de posibilidades para enunciar lingüísticamente el pasado en griego clásico para darse cuenta de que nos hemos perdido una fiesta cojonuda con nuestra concepción del tiempo).

Esa verdad benjaminiana sería un relámpago que se impone durante un segundo, una imagen dialéctica. Y aquí viene lo realmente desconcertante: este fogonazo, dice, sólo lo puede captar quien está en peligro.

Pier Paolo Pasolini, 1 de noviembre de 1975, nueve de la noche, Roma. Le acaba de conceder una confusa entrevista a Furio Colombo, periodista de L’Unità. La entrevista se ha detenido. Ha oscurecido y Pasolini no ha encendido ninguna luz en su casa, está quieto en su sillón con la mirada perdida . El periodista cierra su cuaderno. Desde la penumbra, Pasolini pide posponer el encuentro, reconoce que necesita revisar el nudo de referencias, ideas y afirmaciones que ha espetado. Ha hablado de una sociedad cainita, de una represión blanda e informe pero pringosa como el aceite, de la complicidad criminal de la mediocridad bienpensante. Unos meses antes, Pasolini había gritado desgarrado en qué nos estamos convirtiendo. Al despedirse de Colombo aquella noche -al menos Gianluca Maconi así lo reconstruye en viñetas- el director de cine se gira bruscamente y le propone un título para la entrevista: Estamos todos en peligro. Unas horas después, Pasolini muere a palos en un descampado.

Esbozo para un homenaje invisible

septiembre 28, 2010 en Sin categoría

Ayer no encontré las fuerzas para hablar sobre el 27 de septiembre de hace setenta años en que Benjamin moría en Portbou sin tiempo para escribir todas las cartas que habría querido escribir. Yo ayer también quise escribir muchas líneas pero me quedé en silencio. Un silencio atronador. Pese a todo, no he querido que las notas que tenía garabateadas se perdieran entre mis sentimientos. Al menos las releo, aun inacabadas, más cargadas de sentido.

* * *

El suplemento Posdata del Levante publicó el pasado viernes un pequeño homenaje a Benjamin con artículos de Manuel Vázquez, Benno Herzog, Francesc Hernàndez y yo mismo. Una idea se desprende, casi a modo de disculpa, de los comentarios. Si el pasado late en cada uno de nosotros como una herramienta política secreta, la efeméride institucionalizada es su perversión estéril.

Lo comentaba Palmier: no se puede escribir sobre Benjamin sin la vergüenza de estar contribuyendo a la concepción de la cultura que él mismo pretendía dinamitar. Leí muchas veces esta frase, como leí a ese Pasolini que, unas horas antes de ser apaleado hasta desangrarse en un descampado, se preguntaba

Digamos que tras mi muerte alguien escribe sobre mí. ¿De verdad escribirá sobre mí o me utilizará como filtro para sus ideas? ¿Cuál será su nivel de ingenuidad?

Sin embargo, tras su colosal investigación sobre Benjamin se adjunta una carta que Palmier envió a los trabajadores de su facultad poco antes de morir en 1998. Ingresado en un hospital público de la banlieue de París, devorado por el cáncer [[una palabra que ahora sólo puedo deletrear con una rabia indescriptible, queriendo traspasar las teclas con las que escribo con una fuerza absurda, dirigida en línea recta hacia ninguna parte]] cuenta que lleva varias semanas conversando con otros pacientes de la planta de oncología. Bouteïna, inmigrante argelina. Sacha, un mercenario serbio que se ha ganado la vida como guardaespaldas de proxenetas corruptos. Toda clase de parias que esa repugnante derechona francesa mete con gesto fascista en el saco de la racaille. Sin paternalismos hipócritas, Palmier los describe como inmejorables interlocutores filosóficos, profesores microscópicos, portadores de experiencias. En su carta se pregunta si tal vez

bardés de nos titres, à l’abri de nos centres de recherches, ne sommes-nous pas devenus les prisonniers de la caverne de Platon qui prennent les ombres des choses pour la réalité ?

No imagino un mejor homenaje a Benjamin (a todos los benjamins) que aquel que ni siquiera se constituye como tal, que se esconde difuso en cada día, que asume que la filosofía y la política se construye en las conversaciones, mirándose a los ojos. No necesitamos cielos en los que albergar la memoria de los vencidos. Viven en cada acto que transforma el presente.